Artículo de El Diario Vasco
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La presa de Artikutza perdió su función en el suministro de agua hace décadas y ahora va a comenzar a desaparecer el embalse mismo con el objetivo de regenerar ambientalmente el curso del río Enobieta, interrumpido hace 70 años por esta gran pared de hormigón. El primer teniente de alcalde, Ernesto Gasco (PSE), explicó que en las próximas semanas se sacará a concurso la redacción del proyecto para dejar fuera de servicio la presa, aunque algunas pruebas de desembalse «se han realizado ya con éxito» en el último año.

San Sebastián crecía y crecía en población a comienzos del siglo pasado y sus necesidades de agua aumentaban exponencialmente, sobre todo en verano. Ya entonces las captaciones procedían del río Añarbe, pero una epidemia de tifus en 1901, que provocó la muerte a 40 personas debido a una contaminación de las aguas en Artikutza, obligó al Ayuntamiento donostiarra a mover ficha para garantizarse una fuente de suministro con garantías. Así fue como decidió y logró comprar las 3.700 hectáreas de la finca navarra de Artikutza para asegurarse el control de esta cuenca y la calidad del suministro de agua, mediante eliminación de las fuentes de contaminación existentes hasta entonces (minería, asentamientos humanos, ganadería...).
En el valle de Artikutza se encuentra el río Enobieta, uno de los cauces que dan origen al río Añarbe, afluente a su vez del río Urumea. Para mejorar el suministro, el Ayuntamiento decidió construir una presa a partir de 1948-49. La ejecución del embalse se prolongó hasta 1953 y no se completó en su totalidad porque problemas geológicos impidieron levantar la estructura hasta la altura prevista, reduciendo su capacidad a la mitad.

La construcción aguas abajo de la presa del Añarbe (1969-1976), con una capacidad de embalse 27 veces superior a la de Artikutza, condujo a la pérdida de función de la presa en el suministro de agua a Donostialdea, que se tornó en definitiva en 1992.
Desde 2011, el Ministerio de Agricultura, a través de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, ha enviado varios requerimientos al Ayuntamiento para subsanar numerosas deficiencias de la presa respecto a la legislación. El propio Ayuntamiento es consciente desde 2013 de la necesidad de mejorar las condiciones de seguridad de este enclave. 2015 es un año clave en la toma de decisiones. Se encargan varios estudios, que son realizados al año siguiente, para analizar la posibilidad y las implicaciones hidrológicas, técnicas y ecológicas, de recuperar la situación del valle previo a la construcción del embalse. Estos trabajos concluyeron que la eliminación de la presa no tendría una afección significativa sobre el sistema de abastecimiento de agua y que desde el punto de vista ambiental y económico la mejor opción era el vaciado controlado de la presa.

Finalmente, a finales de 2016 se adoptó esta decisión en la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de San Sebastián. Durante los últimos meses, según explicó Ernesto Gasco, se han realizado pruebas de vaciado controlado de la presa -reducciones de entre 5 y 10 metros de la cota de agua- para comprobar cómo respondían las válvulas. «Se ha observado que la vegetación se regenera fácilmente tras el vaciado, lo que indica que la eliminación de la presa permitirá recuperar en su integridad la biodiversidad de esta cuenca». El edil indicó que todo el proceso será «monitorizado», por los pocos ejemplos que existen de una intervención de recuperación ambiental de este tipo, para que «pueda servir para actuaciones similares que se planteen a futuro en la UE».

El Ayuntamiento destinará 80.000 euros para la redacción del proyecto de puesta fuera de servicio de la presa, un trabajo que deberá definir si el vaciado se realiza mediante «un rasgado de la presa» o mediante la apertura de una gran galería en su base para la salida del agua en dirección al Añarbe. Una vez recibido el proyecto se sacarán a concurso las obras. El año que viene se estima que la presa de Artikutza comenzará a desaparecer.