Lo que iba a ser un día de fiesta terminó en tragedia. Dos adolescentes de 13 y 14 años, Diana y Joseline, de nacionalidad ecuatoriana, murieron ahogadas a mediodía tras bañarse en el embalse de Valmayor, en el término municipal de El Escorial. Ninguna de las dos sabía nadar, según explicaron allegados a las familias de las víctimas. Las primeras hipótesis apuntan a que fueron arrastradas por la corriente pese a que estaban en la orilla.

Eran las 14.45 y al pantano de Valmayor habían acudido varias familias, en total, unas 15 personas. El día anterior ya habían estado y decidieron repetir. A esas horas las niñas estaban en la orilla, mientras sus familiares estaban preparando la comida. Los adultos no les quitaban ojo. De repente, se percataron de que las niñas habían desaparecido de su vista. Según relató el hermano de una de las fallecidas, de 16 años, este intentó ayudarlas, pero se le resbaló de la mano de la que la tenía cogida. Como tampoco sabía nadar, no se lanzó al agua. Enseguida llamaron al teléfono de emergencias 112 relatando lo que había pasado. Este servicio recibió numerosas comunicaciones ya que el embalse se encontraba a esas horas muy concurrido.

Al lugar se desplazaron muchos efectivos desde el primer momento. Cuatro helicópteros (dos de bomberos de la Comunidad de Madrid, uno de la Guardia Civil y otro del Summa) sobrevolaron la zona para intentar localizar a las jóvenes, según informó un portavoz de Emergencias 112. Desde la primera llamada se vio que la desaparición podría tener unas consecuencias dramáticas. Los bomberos también rastrearon el agua mediante barcas y bicheros (palos de cuatro metros de largo) para ver si estaban en el fondo. Al lugar se desplazó el puesto de mando avanzado (PMA) para coordinar la búsqueda.

Los especialistas del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS, los buzos) de la Guardia Civil, con sede en Valdemoro, llegaron alrededor de las cinco de la tarde y buscaron de una forma más específica, con equipos autónomos de respiración. A las 17.41 fue rescatado el primer cuerpo de una de las jóvenes. Los guardias civiles, los bomberos y los voluntarios de protección protegieron la escena para que no fuera grabada por nadie. Mientras, los familiares se hallaban en el centro de la Cruz Roja de Galapagar, alejados del lugar de la tragedia. Salvo los padres, que permanecieron en la zona por su expreso deseo.

Cinco minutos después se localizaba el segundo cuerpo de las jóvenes. Según explicaron fuentes del instituto armado, ambas fueron arrastradas unos 25 metros desde la orilla hasta que se colaron por una sima (especie de grieta) de unos ocho metros de profundidad de la que ya no pudieron salir.

Las escenas de dolor se repitieron durante la tarde. Los padres de las fallecidas, al enterarse que las habían rescatado, intentaron salir corriendo hacia la orilla donde estaban los cuerpos envueltos en sendos sudarios. Los guardias y los policías locales de El Escorial se lo impidieron. Al padre de una de ellas lo tuvieron que sujetar entre varios agentes. Al lado la madre no paraba de gritar “Joseline, Joseline, no te me vayas, no te mueras”. Cuando se dirigía hacia la orilla, se abrazó a su esposo al que no paraba de decirle “mira, mira lo que nos ha pasado”. Instantes después, caía desmayada en medio de la arena. Los médicos del Summa la trasladaron a una zona arbolada a la sombra para que se recuperara.

El juez de guardia del El Escorial ordenó el levantamiento a las siete de la tarde y su traslado al tanatorio, donde está previsto que se les practique las autopsias. Antes se vivió una de las escenas más dramáticas. Fueron los familiares los que pidieron identificar los cadáveres en el mismo lugar. El magistrado aceptó la propuesta y los psicólogos de Cruz Roja que les estaban atendiendo tampoco se opusieron. Los padres se acercaron mientras una fila de policías y guardias civiles cerraban la escena. La madre de una de las víctimas cayó redonda desmayada después de que abrieran el sudario y la identificaran. Los facultativos del Summa tuvieron que atender siete crisis de ansiedad durante toda la tarde. Ambas, pese a su juventud, eran altas y corpulentas, según confirmaron fuentes de la investigación.

Los familiares acompañaron los cuerpos hasta que los metieron en el furgón fúnebre. El padre de una de ellas no paraba de gritar “Joseline, levántate”, mientras muchos familiares no paraban de llorar y de abrazarse.

Algunos allegados explicaron que Diana residía en Galapagar desde que nació. Su padre trabajaba en la construcción, mientras su madre está empleada en una residencia de la zona. La fallecida tenía otros tres hermanos (dos de ellos en Ecuador). La otra fallecida, Joseline, residía en Valencia. Habían viajado hasta Galapagar para pasar las vacaciones con sus familiares. Los padres son hermanos. Según explicaron, ambas fallecidas estaban a punto de firmar los papeles para conseguir la nacionalidad española. “Son gente muy maja, muy humilde y que se desvivían por los suyos”, comentaron algunos de las víctimas, mientras se fundían en abrazos entre lágrimas.

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