El fenómeno es propio del verano pero este año se ha avanzado y supone un quebradero de cabeza para regantes y usuarios del río.

El bajo caudal continuado del Ebro durante meses ha favorecido que la proliferación de macrófitos (plantas acuáticas) propia del verano haya avanzado y ya sea bien presente en el tramo final del río. La acumulación se observa especialmente en las zonas de menos corriente fluvial y se hace bien presente a la altura de varios núcleos urbanos, como es el caso de Tortosa y Móra d'Ebre, además del meandro de Flix.

Estas especies acuáticas han sido siempre el río Ebro pero desde hace una década su expansión ha sido imparable, colonizando cada vez más zonas y provocando graves problemas entre los usuarios.

Existen diferentes factores que explican esta proliferación. Los más importantes son los hidrológicos, con un cambio en el régimen de caudales (a la baja) y una tasa de renovación de los embalses menor. Con todo, también ha influido el descenso de los fosfatos presentes en el agua para la construcción de más depuradoras a lo largo del río o los mismos macrófitos, que hacen un «efecto teja" que ayuda a desarrollar nuevas plantas.

Poca agua

El caudal del río Ebro a su paso por Tortosa era ayer por la tarde de 157 metros cúbicos por segundo (el mínimo ecológico actual es de 100), aunque la media de la semana se sitúa ligeramente por encima de los 190 metros cúbicos.

Se trata de una cifra muy similar a la de la misma fecha hace apenas un año, el problema es que este año no ha habido ninguna crecida importante y durante la primavera el caudal se ha mantenido también en unos niveles muy por debajo de los habituales para la época.

El Instituto para el Desarrollo de las Comarcas del Ebro (IDECE), que se encarga del mantenimiento de la vía navegable del río, aún no ha iniciado los trabajos habituales de siega de las algas para garantizar las actividades fluviales.

Aparte de perjudicar la navegación fluvial y las actividades lúdicas en el río, la proliferación de algas supone un quebradero de cabeza para los regantes ya que a menudo obstruyen las tuberías de captación de agua, un problema que también ha partido la central nuclear de Ascó. Además, los macrófitos se convierten en un hábitat adecuado para el desarrollo de la plaga de la mosca negra, que deposita sus larvas.

Precisamente la semana pasada el Consorcio de Servicios Agroambientales del Baix Ebre y el Montsià, el Code, llevó a cabo un nuevo tratamiento contra la mosca negra en el tramo final del río. Los análisis de los técnicos constataron una baja presencia del molesto insecto, lo que atribuyen al adelanto en el mes de enero de los tratamientos aéreos en el río.



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