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Salut
03-ago-2010, 16:25
El Mediterráneo es el mar más amenazado
El mayor estudio científico de los océanos da la voz de alarma sobre su grave estado de salud, el peor de todos los analizados

Los centenares de científicos que han elaborado el primer estudio global sobre el estado de los océanos, desde el Ártico al Antártico, pasando por las aguas tropicales, han dictado un veredicto alarmante. El mar Mediterráneo es el más amenazado del planeta. Más, incluso, que el golfo de México, inundado por millones de litros de petróleo desde el pasado 20 de abril.

La lista de ultimátums parece inabarcable. La destrucción de su hábitat, la pesca sin control, la contaminación, el calentamiento global y la llegada masiva de abonos agrícolas y aguas residuales están golpeando a 17.000 especies que viven en este mar. "Y, probablemente, estas amenazas crecerán en un futuro, especialmente las asociadas al cambio climático y a la degradación del hábitat", según una de las coordinadoras del estudio, Marta Coll, investigadora del CSIC en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM) de Barcelona.

Y hay más peligros. En 1984, los operarios del Museo Oceanográfico de Mónaco lavaron de manera imprudente un acuario en el Mediterráneo y liberaron a una bestia, la Caulerpa taxifolia, conocida como el alga asesina. La especie, típica de aguas tropicales y temible por su rápido crecimiento, ha creado una alfombra en el fondo marino próximo a más de media docena de países mediterráneos, expulsando a la Posidonia oceanica, que forma las praderas marinas en las que se alimenta la fauna. Algunos peces dependen de la Posidonia, como las vacas de la hierba. Y no es el único caso. Según el nuevo estudio, incluido en el proyecto internacional para elaborar un Censo de Vida Marina, un ejército de más de 600 especies foráneas ha invadido el Mediterráneo. Más de la mitad proceden del Mar Rojo y entraron por el Canal de Suez. Otras, un 22% del total, llegaron en barco desde otras regiones del mundo. Y una de cada diez procede de fugas en las granjas de acuicultura.

Las carambolas que pueden provocar estos invasores en el Mediterráneo son difícilmente calculables. Los autores del estudio, publicado hoy en la revista PLoS ONE, recuerdan el caso de la medusa Mnemiopsis leidyi, que llegó en barco a aguas europeas procedente del noroeste del Atlántico y, en 2009, se expandió desde Israel hasta España. En la década de 1980, esta medusa causó estragos en el mar Negro y provocó un colapso de las poblaciones de anchoa y graves pérdidas económicas.

Operación de salvamento

Muchas de estas especies invasoras proceden de aguas tropicales y se ven favorecidas por el calentamiento de las aguas. En la década de 1980, la temperatura de la superficie marina en la costa mediterránea oscilaba entre los 16,25 grados en la parte occidental y los 22,75 en la oriental. Sin embargo, los científicos calculan que alrededor de 2050 la temperatura superará los 24 grados en algunas zonas, según Bhavani Narayanaswamy, portavoz para Europa del Censo de Vida Marina.

"Algunas de las especies más amenazadas del Mediterráneo incluyen corales de aguas frías y profundas. Son incapaces de escapar del calentamiento del agua, así que sus poblaciones están disminuyendo", lamenta Narayanaswamy, que teme, incluso, "extinciones locales".

"Nunca antes se habían estudiado tantas especies y tanto espacio geográfico. Este trabajo debería ser un toque de atención para los políticos", demanda otro de los autores de la investigación, el biólogo Daniel Oro, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, en las islas Baleares. Lo más parecido a una operación de salvamento del Mediterráneo es la Iniciativa Horizonte 2020, lanzada hace cuatro años por la Comisión Europea. Su objetivo es muy ambicioso: reducir de manera drástica la contaminación. El propio Ejecutivo comunitario aporta cifras para comprender la magnitud del desafío. Más de 140 millones de personas viven en sus costas, y otros 175 millones visitan la región cada año. En 2025, la mitad del litoral mediterráneo estará urbanizado, sepultado por cemento. Según la Comisión, el 80% de las presiones que sufren los organismos marinos proviene de tierra firme. Más de la mitad de los núcleos urbanos de más de 100.000 habitantes carece de plantas de tratamiento de aguas residuales. Y el 60% de estas se tira directamente al mar.

Un enigma bajo el agua

Narayanaswamy, sin embargo, es escéptica. "No estoy segura de que reducir los vertidos de la industria, la agricultura y los desarrollos urbanos devuelva el ecosistema mediterráneo a lo que era", reflexiona. "No quiero decir que no se deba reducir la contaminación, hay que ponerse a ello lo antes posible. Pero no podemos asegurar cuándo volverán los hábitats que hemos destruido o las especies que se han desplazado. Puede que no vuelvan en lo que nos queda de vida", reconoce.

Para otro de los autores, Josep María Gasol, también del ICM, "lo más sorprendente ha sido comprobar que no se sabe nada". Los nuevos datos del Censo de Vida Marina hablan de 17.000 especies marinas descritas por la ciencia en la cuenca mediterránea, casi el doble que las últimas estimaciones. Sin embargo, el 75% de las especies que viven en las profundidades del mar Mediterráneo ni siquiera se conoce. Pueden extinguirse sin que nadie dé la voz de alarma.

http://www.publico.es/ciencias/330730/mediterraneo/mar/amenazado

Cuando era pequeñín, los mayores del lugar ya me decían que el Mediterráneo estaba destrozado. Y comparo lo de entonces con lo de ahora, y se me cae el alma al suelo de ver tanta muerte y degradación :(

REEGE
08-ago-2010, 22:26
http://es.noticias.yahoo.com/10/20100807/tot-oesen-groenlandia-hielo-desprendimie-4b7b872.html

Salut
09-ago-2010, 13:01
El infierno verde
La ganadería intensiva de la Bretaña francesa satura las aguas de nitratos, lo que provoca mareas de algas potencialmente tóxicas e incluso letales

En julio de 2008, dos perros corrían por la playa de Hillion, en Bretaña, divirtiéndose sobre un espeso manto de algas verdes casi en putrefacción. Murieron instantáneamente. El verano pasado, un caballo sufrió la misma suerte en la playa también bretona de Trédrez Locquémeau, y el nerviosismo empezó a dispararse. Un nerviosismo que se convirtió en ira cuando le tocó el turno de perder la vida a Thierry Morfoisse, un empleado del pueblo de Binic. El hombre precisamente estaba contratado para recoger en su camión toneladas y toneladas de esa alga, la Ulva lactuca o lechuga de mar, que amenaza con sumergir la península francesa del Atlántico a golpes de mareas verdes.

El Gobierno francés se encuentra confrontado a un escándalo ecológico y de salud pública de grandes dimensiones a punto de estallar. En las playas de Bretaña se están multiplicando las mareas verdes que alcanzan proporciones descomunales, liquidan playas enteras declaradas no aptas para el baño o el paseo, y generan costes inabordables para los municipios y gobiernos comarcales que optan por retirarlas. Mareas que no cesan pese a las declaraciones y las visitas a zonas siniestradas del primer ministro, François Fillon, el ministro de Agricultura, Bruno LeMaire, y la secretaria de Estado de Ecología, Chantal Jouanno.


De las granjas al mar

Las mareas verdes, cada vez más imponentes en las bahías, tienen su origen poco confesable en los excrementos del interior de las tierras, en un efecto dominó que se parece mucho a un auténtico museo de los horrores ecológicos. La altísima concentración en Bretaña de las granjas intensivas de cerdos, vacas y pollos ha provocado masivas aportaciones de nitrógeno procedente de los abonos y la alimentación animal. Un nitrógeno que luego se escapa por los efluentes -el líquido resultante de los excrementos animales y de los abonos- y acaba contaminando la tierra, convirtiéndose en nitrato y descargando en los cursos de agua antes de desembocar en el mar. En las bahías, esas altísimas concentraciones de nitrato hacen las delicias de las lechugas de mar, que lo invaden todo.

Todo comenzó a finales de los años cincuenta del siglo pasado. En pleno desarrollismo a la francesa, París decidió que la única manera de generar actividad en Bretaña y sacar a la región de la pobreza era desarrollar la ganadería intensiva, y también la agricultura que va con ella. Resultado tras medio siglo: Bretaña, que sólo tiene el 7% de la superficie agrícola de Francia, concentra el 50% de las granjas de cerdos y de pollos. La ganadería extensiva de vacas en praderas naturales ya no es más que un recuerdo en esta región, cuando sigue siendo la norma en la mayoría del territorio de esa gran potencia mundial agro-alimentaria que es Francia.

Para poder dar de comer a todos esos animales con las técnicas hors sol -literalmente fuera de suelo- todo valía. "A partir de los años cincuenta, para las granjas de vacas, pollos y cerdos, buena parte de la alimentación animal empezó a ser importada, con complementos nutritivos nitrogenados, como la soja. Luego los excrementos animales eran esparcidos por las tierras como abono, sin tener en cuenta el suplemento de nitrógeno, y además con otros abonos suplementarios, también con nitrógeno", explica Laurent Ruiz, agrónomo e hidrogeólogo del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) francés.

Esas aportaciones excesivas de nitrógeno pudieron ser retenidas en parte por los suelos, y también por algunas praderas que seguían persistiendo. Pero, según datos oficiales del Ministerio de Medio Ambiente, a partir de los años setenta el excedente de nitrógeno empezó a invadir los cursos de agua dulce. De 10 miligramos de nitrato por litro en 1977, se pasó a unos 38 miligramos por litro en los años noventa (*).

Según Ruiz, en los años ochenta las medidas adoptadas lograron empezar a limitar la presencia de nitratos en los suelos, un nivel que ya no crece. "Pero las cuencas fluviales ejercen por sí solas una gradación. Es como una esponja que se hubiera empapado una vez con colorante. Hay que aclararla muchas veces antes de que todo eso se vaya. Es lo que está ocurriendo ahora: el medio ambiente sigue desprendiéndose de sus nitratos. Desde la pasada década, se creía que el nivel de nitratos en los cursos fluviales iba a bajar. Pero no. Se mantiene a un nivel elevado de 30 a 40 miligramos por litro. Lo que quiere decir que, en las peores cuencas, se alcanza un nivel de 70 miligramos por litro", explica Ruiz.

Un nivel intolerable para el hombre y dañino para el medio ambiente, cuyo resultado más terrorífico es la proporción que han alcanzado las mareas verdes. Especialmente en unas 12 bahías de dos departamentos de Bretaña, las Côtes d'Armor y el Finistère, donde desembocan los cursos fluviales más cargados de veneno, y que son más propicias a corrientes y olas. Allí, en esos puntos catalogados como "cuencas contenciosas" por la administración, entre primavera y verano el espesor de la marea verde en aguas poco profundas puede alcanzar hasta los 12 metros.


Masa putrefacta

Una vez que el mar ha depositado las algas en la playa, el grosor de la materia en putrefacción puede alcanzar los 20 centímetros. Toda una masa putrefacta que queda lista para desprender, en cuanto un pie rompe la capa seca, niveles de sulfuro de hidrógeno capaces de matar perros, caballos y hasta humanos, por asfixia, por edema pulmonar o por complicaciones asociadas.

Según una nota confidencial remitida por el prefecto de Côtes d'Armor al primer ministro francés, en 1997 se recogieron 42.500 metros cúbicos de algas putrefactas, y en 2008 alcanzaban ya los 70.000. Según los años, se ven afectados entre 53 y 72 municipios.

El nivel de nitratos en los ríos que aliviaría el fenómeno es de una decena de miligramos por litro. Pero ese nivel aceptable sólo sería posible con el "cese total de la agricultura en las cuencas contenciosas y una conversión total de las tierras en praderas explotadas pero no fertilizadas", explica el prefecto. ¿Praderas naturales en medio de granjas industriales de cientos de miles de cerdos enlatados? Esa "evolución", estima el alto funcionario, "no es posible por el momento, por lo que el fenómeno de las algas verdes no puede más que perdurar".

http://www.publico.es/ciencias/331389/infierno/verde

(*) En el río Guadalentín (Murcia) se han llegado a detectar más de 1.000 mg/L... para que os hagais una idea de lo que sucede por estas latitudes.

Salut
26-ene-2011, 15:53
Este pez tiene mercurio (y usted)
La contaminación del pescado cuestiona la recomendación de consumo regular -Compuestos cotidianos afectan al desarrollo cognitivo o al sistema reproductor

"De todos los animales, el que tiene ahora más contaminantes en el cuerpo eres tú", dice Nicolás Olea, de la Universidad de Granada, uno de los pioneros en España en investigar presencia de contaminantes en el organismo. La afirmación suena efectista, pero el mensaje está claro: durante nuestra larga vida los humanos acumulamos compuestos químicos persistentes que aderezan nuestra dieta, contaminantes que nuestra propia actividad industrial ha generado. Y ahí se quedan, en un organismo que no los sabe eliminar. Es más, han entrado en la especie humana para quedarse. Las madres los transmiten a través de la placenta y de la leche materna, así que los bebés los incorporan de serie. ¿Qué efecto tienen? Hay cada vez más evidencias de que muchos inciden desde en el desarrollo cognitivo hasta en la fertilidad, incluso a dosis bajas.

Hace ya tiempo que se conoce la toxicidad de muchos de estos compuestos, y por ejemplo en el caso de las dioxinas, los bifeniles policlorados (PCB) o los metales pesados, su uso industrial o su liberación al medio se han regulado. Pero no por ello han desaparecido del entorno. Están en la cadena alimentaria, atrincherados sobre todo en los tejidos grasos; cuanto más viejos sean los animales que comemos, y más grasos, más contaminados. Los peces predadores, como el tiburón o el emperador, pueden llevar más de diez años almacenando metilmercurio, la forma más tóxica del mercurio, antes de llegar al plato.

Además hay compuestos más modernos y de uso muy común en la vida cotidiana, como los ftalatos -usados en plásticos blandos, por ejemplo para juguetes infantiles-, los compuestos bromados -en tejidos y ordenadores, para evitar incendios- o el bisfenol A, cuyos efectos sobre la salud preocupan.

Organizaciones ecologistas y expertos llevan tiempo dando la voz de alarma, con algunos resultados. La Comisión Europea anunció hace una semana que a partir de 2011 se prohíbe el bisfenol A en biberones, decisión que Estados Unidos tomó ya hace un año. John Dalli, comisario europeo de salud, declaraba que "nuevos estudios demostraban que el bisfenol A podría afectar al desarrollo, la respuesta inmune y la generación de tumores". En contacto con líquidos calientes este compuesto se separa del plástico, en especial si los biberones no son nuevos. Para Olea la prohibición "es una fantástica noticia, pero ¿por qué han tardado tanto? Sabemos cómo actúa este compuesto desde 1936".

¿Cuántos contaminantes exactamente nos comemos? José Luis Domingo, del Laboratorio de Toxicología y Salud Medioambiental de la Universidad Rovira i Virgili, y Joan María Llobet, de la Universidad de Barcelona, llevan desde el año 2000 analizando los alimentos de la cesta de la compra promedio en Cataluña. Su tercer informe está casi a punto. Toman las muestras escogiendo como lo haría un consumidor medio, y miden ocho contaminantes más metales pesados. Luego cruzan los datos con los de consumo de los catalanes y obtienen la ingesta de un consumidor medio.

Hay algunas buenas noticias: "Se nota el descenso de algunos contaminantes en el ambiente, como el plomo, que ya no se usa en las gasolinas, o las dioxinas y los PCB", señala Domingo. Llobet recuerda que "lo que emitimos al ambiente vuelve a nosotros; si el ambiente está más limpio, los alimentos también".

El punto negro está sobre todo en el pescado y el marisco, alimentos en que las concentraciones no bajan. De hecho, si bien la ingesta media de todos los compuestos está por debajo de los niveles de seguridad establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estudio de 2007, que publica la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA), revela que los niños y niñas superan por poco este nivel, y las mujeres prácticamente lo alcanzan. Se remite en el texto a las recomendaciones de la UE: los niños pequeños, las mujeres embarazadas o que deseen concebir y las que estén amamantando no deberían comer más de 100 gramos semanales de pez espada o tiburón, dosis que excluyen más pescado esa semana. El atún, no más de dos veces por semana. Europa no es la única en emitir estas recomendaciones; Estados Unidos y Canadá dan consejos similares desde hace años.

Los datos de los estudios de la ACSA casan bien con que la mayor parte de las alertas emitidas por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria en 2009 fueron por niveles altos de mercurio en el pescado. Tiene su lógica. Una vez en el medio, el mercurio no desaparece. Y a las fuentes naturales de mercurio, como las erupciones volcánicas, hay que añadir la actividad del hombre, que lleva 3.500 años usando este metal. Se estima que seguimos liberando al medio cada año 50.000 toneladas de mercurio.

"Nunca nos quitaremos el mercurio de la cadena trófica", dice Bernardo Herradón, químico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "Se ha usado mucho, y aunque ahora está muy restringido sigue estando en algunos tipos de pilas y en tubos fluorescentes, por ejemplo". El mercurio está en el suelo y también pasa a la atmósfera; la lluvia lo lleva a los ríos y de ahí al mar, donde los microorganismos lo convierten en metilmercurio, que es la forma que nos comemos con el pescado. Los microorganismos están en la base de la cadena alimentaria marina, y los grandes peces predadores, y nosotros mismos, estamos en la cúspide.

Pero, además de la dieta, los investigadores están descubriendo -"sorprendidos", dice Olea-, otra fuente de contaminantes químicos para el organismo: la cosmética. "El efecto de los componentes de cremas y champús es ahora un área de investigación en auge. Tenemos cada vez más evidencias de que compuestos de uso muy común en cosmética, como los parabenes, interfieren con la acción de las hormonas. Se absorben fácilmente por la piel pero su eliminación es muy difícil", explica Olea.

También los filtros UV, usados en cremas antisolares y recomendados por los dermatólogos para prevenir el cáncer de piel, empiezan a ser sospechosos. De confirmarse su acción tóxica la comunidad biomédica se encontraría ante un dilema riesgo-beneficio.

Sin embargo, los investigadores advierten de que no será nada fácil establecer fuera de toda duda el vínculo entre exposición a contaminantes en la vida cotidiana y enfermedades. En primer lugar porque los efectos, de haberlos, tardan décadas en manifestarse. Y también porque lo importante, advierten los investigadores, es el 'cóctel' de productos químicos, esto es, su acción conjunta. Los compuestos son muchos, y su posible interacción, un misterio.

"No sabemos qué pasará, pero los datos están ahí", dice Olea. "La exposición es real. Los tóxicos están en la sangre y en la placenta, se excretan en la leche materna. Las madres los pasan a sus hijos. Tenemos en el cuerpo compuestos que nunca antes habíamos tenido", dice Olea.

Los epidemiólogos, por lo pronto, investigan la relación entre exposición a contaminantes y enfermedades como cáncer, diabetes, endometriosis, infertilidad, malformaciones genitourinarias, depresión inmunológica, asma, Alzhéimer y Parkinson.

Para este tipo de trabajo suponen un tesoro los bancos de tejidos y datos como el que tiene el grupo de Olea en Granada: 6.000 placentas de madres de toda España obtenidas hace una década, con información de seguimiento, durante ese tiempo, del par madre-hijo correspondiente. Esto permite investigar, por ejemplo, la relación entre contaminantes en la placenta y desarrollo. Uno de los últimos trabajos científicos publicados, en septiembre, indica que una mayor concentración de compuestos clorados podría afectar negativamente a la función cognitiva, y recomienda más estudios.

Los investigadores también están observando en los últimos años que la baja concentración de estos compuestos en el organismo no garantiza su inocuidad. El llamado mito de las dosis bajas está cayendo.

"Tanto en animales como en humanos se han visto efectos adversos de los contaminantes a las dosis tradicionalmente llamadas bajas", explica Miquel Porta, catedrático de Epidemiología y Salud Pública de la Universidad de Barcelona e investigador del Instituto Municipal de Investigaciones Médicas (IMIM). "Estrictamente, estas dosis no son bajas: las concentraciones o niveles en sangre o en líquido amniótico, por ejemplo, son tan altas como las de nuestras propias hormonas naturales, y a menudo mucho más". Hasta ahora se aceptaba que estos compuestos debían presentarse a dosis más elevadas para alterar funciones fisiológicas en el organismo, "pero eso está en revisión", dice Porta.

A este experto no le tranquiliza saber que en la mayor parte de los alimentos estos compuestos no superan los niveles considerados seguros por las agencias de seguridad alimentaria y la OMS. "A menudo los niveles legales se establecen simplemente para que los alimentos puedan llegar a nuestra mesa", señala Porta. "Pero nadie nos puede asegurar que las concentraciones que tiene una parte importante de la población sean seguras; a mí, como médico, me parecen muy preocupantes".

En un estudio reciente, su grupo midió presencia de contaminantes en una muestra de 919 personas en Cataluña, considerada representativa de la población general. Los resultados revelaron que algunas personas tenían cantidades de DDE y hexaclorobenceno hasta 6.000 veces superiores que otras. "Una minoría de la población tiene una contaminación interna escandalosamente superior a la mayoría. ¿Es esa minoría la que luego desarrolla enfermedad?", se pregunta Porta.

Es una de las muchas cuestiones aún pendientes de estudiar. Los investigadores se preguntan, por ejemplo, cómo interfieren los tóxicos ambientales con la acción de los genes. Algunos datos apuntan a que el arsénico, el cadmio y los pesticidas organoclorados podrían apagar genes supresores de tumores, y encender genes con precisamente la acción opuesta.

Prueba de que el problema importa es que la Unión Europea destina fondos a investigarlo. El grupo de Olea y otros siete laboratorios europeos participan en el proyecto internacional Contamed, que estudia la relación de la química cotidiana con los trastornos del sistema reproductivo. La incidencia de estas alteraciones -desde una menor calidad del semen hasta malformaciones de genitales- está en aumento en Europa y el problema causa "una considerable preocupación", se dice en la web del proyecto.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/pez/tiene/mercurio/usted/elpepisoc/20101219elpepisoc_1/Tes

:(

Salut
26-ene-2011, 16:06
Aumentan las notificaciones por mercurio en pescado

Ecologistas en Acción ha alertado sobre el fuerte incremento de las notificaciones por contenido de mercurio en pescado durante el 2007. Para la organización ecologista la situación es más grave ya que los límites permitidos por la UE de mercurio en pescado no protegen suficientemente la salud, al no tener en cuenta el consumo medio, ni las características corporales de los consumidores.

Según Ecologistas en Acción durante el año 2007 se han incrementado de forma muy importante las notificaciones por contenido en mercurio en pescado, situación que era previsible, a la vista de los datos del primer semestre. Estas notificaciones son publicadas por el sistema de alerta rápida para piensos y alimentos (RASFF en sus siglas inglesas). La situación actual, con 130 notificaciones, 47 de ellas de alerta y 83 de información, concuerda con la tendencia observada en el informe anual del 2006, año en el que aumentaron las notificaciones sobre superaciones del nivel legal de contenido en mercurio en productos pesqueros con respecto a años anteriores. Las superaciones en el año 2006 fueron 71, 46 superaciones en 2005 y 45 en 2004.

Como en otras ocasiones, el pez espada fue la especie con un mayor número de la notificaciones en 2007 con 68, 27 de las cuales fueron de alerta. El país que ha efectuado un mayor número de denuncias ha sido Italia, con 66 notificaciones mientras que España destaca por ser el originario de las partidas de pescado con un mayor número de denuncias, hasta un total de 67, 31 de las cuales fueron de alerta y 35 de información.

Según la normativa comunitaria, el nivel máximo permitido de mercurio en los productos pesqueros es de 0.5 miligramos (mg) por kg. En ciertas especies (como el pez espada, el tiburón, o el atún) se permite un nivel máximo más alto, de un miligramo por kg.

Para Ecologistas en Acción la situación es mucho más grave, ya que los límites establecidos por la UE son menos estrictos que los establecidos por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), y referidos a la ingesta máxima semanal de metilmercurio (1,6 microgramos por kg de peso corporal por semana). Este criterio se ha establecido para proteger al feto en desarrollo expuesto al metilmercurio a través de alimentos contaminados ingeridos por la madre embarazada.

Este nuevo límite recomendado sustituye a la recomendación precedente de 3,3 µg de metilmercurio en los alimentos por kg de peso corporal por semana, el cual se mantiene para el resto de personas adultas. Con esta propuesta, una mujer, en edad fértil, con un peso de 60 kg y que consuma unos 400 gramos de atún a la semana (media de consumo de pescado en Asturias [1]), no debería ingerir pescado con contenidos superiores a las 0,25 mg por kg para no superar los límites aconsejados por el comité de expertos.

El mercurio es un metal extremadamente volátil que puede ser transportado a grandes distancias una vez se ha emitido a la atmósfera. Una vez se ha depositado en un ambiente acuático, el mercurio se transforma en metilmercurio, una potente neurotoxina, que se acumula en los peces y en los animales y los humanos que los consumen. Cuando es ingerido por mujeres embarazadas, el metilmercurio atraviesa la placenta y se acumula en el cerebro y el sistema nervioso central del feto en desarrollo. Incluso cantidades relativamente despreciables pueden producir serios retrasos motores o de comunicación. El mercurio nunca desaparece del medio ambiente, asegurando que la contaminación de hoy seguirá siendo un problema en el futuro.

http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article8687