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chris
02-feb-2009, 13:05
Por si les interese a alguien, aquí tiene un pequeño artículo que se publicó en "Tiznao", la revista de Los Verdes de Alcaucín

Los poblados que desaparecieron bajo las aguas del pantano de La Viñuela

Situados más o menos en el centro de lo que es ahora el fondo del embalse había dos poblados: Herrera y Los Quitos, además de varias casas diseminadas. Herrera se encontraba en la margen izquierda y Los Quitos justo enfrente, al otro lado del río. Herrera consistía en unas 30 casas, y en Los Quitos se encontraba una docena de viviendas.

¿Cómo era la vida de los habitantes? Pues, igual que la de toda la gente del campo de esta zona: es decir, que vivían del campo y de lo que se cultivaba en las zonas de secano y de regadío (trigo, avena, cebada, garbanzos, y hortalizas respectivamente). También tenían animales para comida: gallinas, pollos, cabras, ovejas y cerdos, y bestias de carga: burros, mulos, bueyes y caballos. Todo el trabajo se hacía a mano: los cereales se segaban con una hoz y se trillaban y se aventaban en las eras, y los niños se ocupaban del ganado. El pan se hacía cada cinco o seis días en el horno comunitario.

El río proveía el agua potable para los vecinos y dos acequias llevaban el agua de riego a la vega en cada lado del río. Cuando llovía era imposible pasar de un lado al otro del río, así que entonces Los Quitos y Los Romanes se quedaban aislados del resto del municipio de La Viñuela. Pepe Fortes recuerda que el día de las elecciones en noviembre del año 1933 su padre no pudo ir a votar ya que la mesa electoral estaba en la escuela nacional en Cortijo del Monte, al otro lado del río y, cómo llovía mucho, fue imposible cruzar.

La lluvia, o su ausencia, también tenía efectos más serios. En tiempos de mucha lluvia las zonas de regadío se inundaban y había que prepararlas de nuevo. En tiempos de sequía las
cosechas de secano fallaban y “no se ponía era”: es decir que no se limpiaban las eras porque no había cereales que trillar, lo que significaba un año de escasez de comida para todos. Así que la vida cotidiana dependía mucho de las condiciones meteorológicas.

Había unos terrenos que pertenecían a grandes terratenientes, como los cortijos Vilches y Salto y aquí trabajaban los jornaleros. Algunas personas tenían suficiente terreno para mantener a una familia. Otros, con menos terreno (la mayoría), trabajaban tanto en lo suyo como en lo ajeno, de jornaleros; y los que no tenían terreno se dedicaban exclusivamente a trabajar por jornal, según el trabajo que hubiese en cada estación del año.

Aunque la presa del pantano se empezó a construir en el año 1982, el primer estudio se había hecho 71 años antes, seguido de varios estudios e informes más. Por lo tanto, no es de extrañar que los vecinos de Herrera y Los Quitos siguiesen con su vida, pensando que nunca serían testigos de la desaparición de su entorno bajo el agua.

Hasta principios de los años sesenta la vida diaria apenas cambió, salvo la intrusión de tres años de guerra civil y los años de hambre que la siguieron. Pero la caída de los precios de los cereales y las oportunidades para ganar un sueldo fijo que se presentaban tanto en las capitales provinciales como en el extranjero, significaban el final de la vida tradicional, no sólo de la zona en cuestión, sino para casi toda la España rural.

Hasta finales de los años cincuenta el campo de la Axarquía había estado muy poblado. Prueba de esto es el hecho de que en cada barriada había una escuela rural y Herrera también contaba con la suya. Estas escuelas rurales pertenecían al obispado de Málaga. La escuela rural de Herrera se construyó en el año 1957 y antes de esta fecha la única enseñanza que recibían los chicos era de los maestros ambulantes que iban de un sitio a otro y cobraban lo que podían. No solían quedarse mucho tiempo, sólo unos meses en general, y no todos estaban tan preparados ni cualificados ni aptos para la enseñanza como se hubiera querido. Estos maestros ambulantes cobraban las clases a los padres. Manuel Llamas Fortes recuerda que asistió a clases gratuitamente durante unos meses porque las clases se daban en una casa que pertenecía a su padre y que los alumnos escribían sobre una “mesa” grande que era en efecto una simple puerta. Con la llegada de las escuelas rurales la calidad de la enseñanza mejoró algo e incluso los adultos iban a clases nocturnas, donde aprendían a leer y escribir y un poco de aritmética.
Sin embargo, la emigración de los años sesenta dejó la zona casi despoblada y cuando, a principios de los años ochenta, llegó la expropiación de los terrenos y las casas, la mayoría de la gente ya vivía fuera. En total se derribaron aproximadamente 120 viviendas (además de sus cuadras, corraletas y pajares, etc.) De estas viviendas, unas 90 estaban dentro del municipio de La Viñuela y las demás en Periana, en el extremo norte de lo que ahora es el embalse.

El precio que recibieron los dueños de las casas fue razonable, aunque las casas abandonadas se pagaron a menor precio, así que algunas casas fueron blanqueadas por sus dueños para dar la impresión de que estuviesen habitadas, para así cobrar lo máximo posible. Los terrenos, en cambio, se pagaron a peor precio y los terrenos no labradas peor todavía. Algunos vecinos protestaron pero no consiguieron subir la cantidad que recibieron, incluso tuvieron que esperar más tiempo antes de recibir el dinero.

Una vez desalojadas las viviendas, las máquinas empezaron su trabajo, arrancando todos los árboles y aplastando las moradas sin dejar apenas rastro alguno.

Xuquer
02-feb-2009, 15:48
:):) Impresionante, real como la vida misma. seguro que hay decenas de historias similares a esta desperdigadas por nuestra piel de toro ...:rolleyes:

me ha gustado mucho. gracias por la participación chris ;)