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F. Lázaro
20-mar-2016, 09:48
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Medición de un cangrejo azul hallado el verano pasado en la costa mediterránea. FOTO: LA VERDAD

Decenas de invertebrados foráneos han llegado a la laguna en las últimas décadas con efectos aún desconocidos. La apertura del Canal del Estacio y la construcción de puertos han traído medusas, babosas, esponjas y cangrejos que amenazan al turismo y al equilibrio ecológico

Playa Paraíso, Playa Honda y Mar de Cristal sufren invasiones periódicas de babosas

Han llegado al Mar Menor, se han encontrado a gusto y han decidido quedarse allí. Y no son turistas escandinavos precisamente, sino decenas de especies de invertebrados marinos foráneos, algunos de ellos con potencial invasor, que se han instalado en la laguna en las últimas décadas. Y no solo medusas: babosas, esponjas y cangrejos se han hecho un hueco junto a la fauna marina autóctona aprovechando un ‘agujero’ en las barreras ambientales que mantuvieron aislado durante siglos este ecosistema. La apertura del Canal del Estadio (1973) y la construcción de puertos, con el consiguiente trasiego de embarcaciones con ‘polizones’ adheridos en el casco, son las principales causas de esta invasión silenciosa, según un estudio coordinado por la investigadora lorquina Francisca Giménez Casalduero, profesora del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante.

El primer síntoma de que el Mar Menor estaba cambiando fue la proliferación de medusas en la década de los noventa del pasado siglo. Tanto la ‘Cotylorhiza tuberculata’ como la ‘Rhizostoma pulmo’ habían aparecido ocasionalmente en la laguna, pero desde hace veinte años son seguramente el poblador más conocido de este ecosistema. Más incluso que el decadente hipocampo. Y, pese a que ejercen una función filtradora del agua –eliminando los nutrientesque proceden de los vertidos agrícolas–, se han convertido en un incordio para los veraneantes y en un gasto importante para la Administración, que cada verano tiende una malla de redes para evitar que alcancen las zonas de baño. El pasado verano, los 40 kilómetros de jarcias instaladas en 60 playas por la Consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente costaron 571.000 euros.

Después vinieron las babosas (‘Bursatella leachii’), también para espanto de los turistas: no es agradable pisar uno de estos moluscos viscosos, de hasta 15 centímetros de longitud, que fueron detectados por primera vez en 2008, aunque están presentes en el Mediterráneo desde hace más de setenta años, procedentes del Canal de Suez –una autopista marítima para las especies exóticas–. Con una mayor presencia en Playa Honda, Playa Paraíso y Mar de Cristal (Cartagena), las babosas experimentaron en 2015 la tercera explosión demográfica desde que arribaron a la laguna.

Un crustáceo de medio kilo

El último y más llamativo visitante es el cangrejo azul, un enorme crustáceo –hasta medio kilo de peso– del que se capturaron veinte ejemplares el verano pasado y que también ha sido visto en la desembocadura del Segura y en Mazarrón.

Junto a estas especies, quizá las más visibles, se han acomodado en el Mar Menor otras menos llamativas, como las nacras –un gran bivalvo de hasta 75 centímetros de longitud–, esponjas –‘Haliclona oculata’–, el balano e incluso un tipo de langostino –‘Penneaus japonicus’– propio de la costa este africana, el Mar Rojo y Japón.

La mayor parte de estos nuevos pobladores han accedido al Mar Menor a través de la gola artificial del Estacio, un canal que, junto al de Marchamalo, ha contribuido a rebajar la salinidad y la temperatura de las aguas de la laguna. Un fenómeno conocido entre los científicos como ‘mediterranización’ que ha acercado los parámetros de ambos mares, favoreciendo la entrada de estos visitantes a un espacio que antes les resultaba hostil.

Algunas de estas especies alóctonas presentan trazas de convertirse en invasoras: «Cuando su población presenta una fase de crecimiento exponencial y puede poner en peligro la diversidad o abundancia de especies autóctonas, además de la estabilidad ecológica de los ecosistemas afectados», recuerda el estudio científico, donde también se recuerda que pueden verse afectadas «las actividades económicas que dependen de dichos espacios, e incluso la salud humana».

¿Cuáles son los efectos de esta intrusión reciente en el Mar Menor? Aún se desconocen, se lamenta Francisca Giménez Casalduero, quien firma la investigación junto a Alfonso A. Ramos Esplá, Andrés Izquierdo Muñoz, Francisco Gomariz Castillo, Francisco J. Martínez Hernández y Francisco González-Carrión. «Existen importantes lagunas de información y conocimiento y es necesario potenciar la investigación y desarrollar programas de seguimiento a largo plazo», defiende.

«Medidas como la abundancia de las especies alóctonas, estudios de la vías de propagación y dispersión, factores ambientales de control de las especies, impacto ecológico, análisis de riesgo y modelos predictivos son algunas de las líneas básicas de investigación que deberían ser llevadas a cabo para realizar diagnósticos eficientes y correctas medidas de gestión y control de las poblaciones», demanda la profesora lorquina. «En muchos casos no se conoce la vía de dispersión hasta que las poblaciones ya se han establecido, por lo que programas de alerta temprana son imprescindibles», insiste.

nando
22-abr-2016, 11:40
El verano pasado me bañé más de una vez por allí .....yo me parece que como no me vea bien los pies como que no!

Jonasino
03-jun-2016, 10:35
"Dicen" que la ampliación del Canal de Suez ha traido un incremento de especies invasoras tanto de fauna como de flora en el Mediterraneo, y eso que en España estamos en el extremo más lejano. ¡Que será en Grecia¡